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Otorgar un poder notarial permite que otra persona pueda actuar en tu nombre para realizar determinados actos o gestiones. Puede resultar especialmente útil cuando no puedes desplazarte, resides en otra ciudad o país, o necesitas que alguien te represente en una operación concreta.
La intervención del notario permite identificar correctamente al otorgante, comprobar su voluntad y explicar el alcance de las facultades concedidas. De esta manera, el poder queda formalizado con claridad y seguridad jurídica, reduciendo el riesgo de dudas o interpretaciones posteriores.
Se debe tener presente que para que un poder sea plenamente válido ante la Ley, es necesario que el mismo sea otorgado debidamente ante un notario público. Los notarios tienen una función de fedatario público, por lo que son los encargados de dar seguridad jurídica sobre la validez de determinados documentos y actos que se firman en su presencia.
De esa forma, se evita posibles poderes fraudulentos que puedan derivar en daños y negocios indebidamente formalizados.
Muchas personas diferencian un poder como general o especial. En realidad, se trata del mismo instrumento legal, La única diferencia es que su contenido varía un poco según el uso que se le dará.
Mediante este documento una persona natural o jurídica autoriza a un tercero para realizar en su nombre algunos actos específicos. Solo es válido para los actos mencionados expresamente en el escrito son los únicos que podrá realizar el apoderado en su nombre.
Es una autorización que se otorga sin especificar cuáles son las facultades específicas. En este documento no menciona expresamente para que se ha otorgado el mismo y suele suponer algunos riesgos para el poderdante, ya que, el apoderado tiene un amplio margen de acción. Al mismo tiempo (y por la misma razón), su principal beneficio es la flexibilidad que confiere al apoderado. Por lo general, este tipo de documentos suele usarse para la representación en pleitos.
En la actualidad existen varias formas para validar un documento de este tipo.
La forma más rápida y sencilla (y por ende la más común) para dar un poder válido en España, es otorgarlo directamente ante notario español. De esa manera el trámite resulta muy rápido y está garantizada la legalidad del documento, el cual no requiere de ningún otro trámite o documento para ser válido.
Por otro lado, si el poder se otorga para llevar a cabo actos fuera del territorio español, será necesario obtener la Apostilla de la Haya. De esa forma se garantiza su validez en terceros Estados que sean parte del Convenio de la Haya.
Otra forma para tramitar la autorización, es hacerlo en el Consulado español de un Estado extranjero. En realidad, el proceso no es demasiado complicado, solo se debe acudir a la sede consular y otorgar el poder tal y cómo se haría frente a un Notario en territorio español.
Aquí es importante tomar en cuenta que, según el país, puede ser necesario solicitar una cita previa y en ocasiones los plazos de solicitud pueden ser bastante largos.
Otra vía para otorgar poderes es hacerlo ante un notario extranjero. De la misma forma que los notarios españoles tienen la función de ser fedatarios públicos, los notarios de los demás Estados son responsables de la legalidad de los actos celebrados ante ellos.
Por lo anterior un poder otorgado ante un Notario extranjero tendrá completa validez en España, siempre que este documento se legalice debidamente con la Apostilla de la Haya. Si un documento notariado en el extranjero no se legaliza con la Apostilla, no será válido en el territorio español.
Sin embargo, en este punto es importante tomar en cuenta que, al ser los poderes elaborados en el idioma de cada Estado, para que sean válidos en España, es indispensable que se realice una traducción jurada al español.
Generalmente otorgar un poder a una persona de confianza, no supone un riesgo. Sin embargo, es importante recordar que (según el alcance del documento) todos aquellos actos jurídicos realizados por el apoderado vincularán de manera efectiva al poderdante y este tendrá que responder de los efectos que se produzcan.
Algunas personas no le dan verdadera importancia a este tipo de poderes y llegan a firmar documentos que trasladan al apoderado la facultad para tomar importantes decisiones. En ocasiones incluso les dan plena capacidad para disponer del patrimonio o derechos que tiene el poderdante, lo que puede generarle graves perjuicios.
Por otro lado, no es extraño que un apoderado, se aproveche de las facultades que le han sido conferidas, y se exceda en sus actos. No solo vulnerando la confianza depositada en él, sino que además le causa un daño considerable al poderdante.
De igual forma, no son pocos los casos en los que los poderes están mal redactados o la redacción carece de la calidad necesaria. En tales circunstancias, el documento pierde toda su validez y tiene que repetirse todo el proceso de legalización con las consecuencias que esto tiene tanto en costes como en demoras.
Estos documentos jurídicos son susceptibles de revocación. En realidad, es altamente recomendable que, una vez se ha satisfecho la pretensión que se quería lograr con el documento, el mismo sea revocado a la brevedad posible. Para lograrlo, generalmente basta con entregar una notificación escrita firmada al apoderado y a cualquier otra persona que hubiera dependido del documento en cuestión.
Los poderes son una excelente herramienta legal, pero en algunos casos, pueden resultar contraproducentes. Por eso es aconsejable siempre contar con la asesoría de un notario experto que pueda asesorar y guiar en la preparación y redacción del contenido del poder.
En Notaría Farres contamos con profesionales expertos en todo tipo de poderes y estamos dispuestos a asesorarle en estos procedimientos.
Es un documento público mediante el cual una persona autoriza a otra para actuar en su nombre en determinados actos, contratos, trámites o gestiones.
Existen poderes generales y poderes especiales, entre otras modalidades. Los primeros pueden comprender facultades más amplias, mientras que los especiales se conceden para actuaciones concretas, como una compraventa, una herencia o determinadas gestiones administrativas.
Sí. El poder puede establecer exactamente qué facultades se conceden al apoderado y cuáles quedan excluidas. Esto permite adaptar el documento a las necesidades concretas del otorgante.
Sí. Con carácter general, la persona que otorgó el poder puede revocarlo posteriormente. Para hacerlo correctamente y dejar constancia de la revocación, es recomendable formalizarla ante notario.
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